¿Me quedo con el viejo o con el nuevo?

Square

Los Arctic Monkeys son la única banda contemporánea a mi edad que sigo desde sus inicios. Al haber nacido en el 97′, usaba pañales cuando Liam & Noel Gallagher explotaban en los festivales y el rock británico estaba nuevamente en auge. Quisiera haber sido parte de los jóvenes de finales de los noventa, principios del 2000.

Por lo que involuntariamente, llegué un poco tarde. Siendo adolescente escuchaba The Strokes, The Kooks, y a los Arctic Monkeys. Las letras poéticas de un Alex Turner veinteañero, melancólico y reflexivo me transportaban a vidas que nunca tuve, experiencias que no atravesé y dolores que hasta ese momento nunca había sentido.

Los primeros cinco álbumes de los monos me gustaron. Humbug es mi favorito, pero aprecio a cada uno de ellos por sus características individuales. Whatever People Say I Am, That’s What I’m Not & Favourite Worst Nightmare son muy similares en su estilo juvenil. Puro indie rock. Pero a partir de Humbug, el más oscuro y dramático en mi opinión, las cosas cambian. Pasamos a un Suck It and See rockero y a un AM sofisticado y maduro.

Después de una gira y cinco años de ausencia, los Arctic Monkeys volvieron en 2018 con un álbum nuevo. Tranquility Base Hotel & Casino.

Lo odié.

Intenté por unas semanas escucharlo y reescucharlo, para familiarizarme con los nuevos sonidos. Pero no hubo caso. Solo me gustaban dos canciones. Sonaban tan distintos… No eran diferencias sutiles, eran una banda completamente desconocida.

¿Qué hacemos cuando aquello que fue familiar y agradable por tanto tiempo de repente da un giro tres sesenta?

¿Lo tomo, lo abandono?

¿Ignoro su existencia?

Una banda puede derivar en dos vertientes: los mismos, con algún toque nuevo, pero reconocibles escuches sus primeros o últimos discos —dígase The Strokes, The Rolling Stones o los Red Hot Chili Peppers— o, transformarse y no necesariamente «evolucionar», pero sí reflejar transiciones entre géneros y estilos. Idas y venidas.

Y creo que recién ahora, pasados unos tres años desde el lanzamiento de Tranquility Base Hotel & Casino, entiendo que Alex Turner ya no tiene 19. Ese chico con su personalidad & gustos ya no existe como para escribir con la misma mirada ni los mismos intereses ahora, a los 35. Es otra persona, atravesada por nuevas vivencias y reflexiones sobre la vida, el amor, la sociedad e incluso la tecnología. Reflexiones no necesariamente mejores ni peores, simplemente diferentes. Y por lo general, suele sernos difícil aceptar lo diferente.

En especial cuando los giros son radicales.

Hoy disfruto los nuevos sonidos de los Arctic Monkeys. Su último álbum es ideal para una noche en el sillón con las luces bajas y un whisky en la mano. Probablemente no aprecié eso antes porque en ese momento no estaba lista para descorchar un Jack Daniel’s y sentarme, sola, en una habitación con pocos muebles y acompañada exclusivamente por mi propia presencia. Alguien, que como Alex Turner, ya no es la misma que a los 19 años.



Si te gustan los Arctic Monkeys pero no tanto Tranquility Base Hotel & Casino, recomiendo este video. Por cierto, The Ultracheese fue mi favorita en la primera vez y lo sigue siendo en la segunda.

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